domingo, 5 de julio de 2009

ATRACCIÓN POR LO SOBRENATURAL

Lo sobrenatural está y ha estado siempre a nuestro lado, no ha habido ninguna época sin misterio. Junto a lo conocido, ha habido seres extraños, siniestras criaturas en los bosques, monstruos fantásticos en el mar, objetos misteriosos que surcan el cielo. Más allá de lo que claramente percibimos y escuchamos, acechan cosas semi-visibles, sombras desvaneciéndose en las esquinas, pasos que se oyen en cuartos vacios, palabras pronunciadas que se escuchan cuando no hay nadie cerca.
Quienes no han vivido incidentes similares, han oído a otros referirse que ellos han hablado con muertos, que han sido poseídos por espíritus malignos o llevados en máquinas voladoras de galaxias extrañas. En el curso de nuestra vida diaria, olvidamos que a veces en cualquier sitio de nuestro sendero por la vida, yace lo insólito y lo inexplicable.
En la época de las grandes cacerías de brujas, se pensaba que éstas podían transformarse en lobos u otros seres extraños, los cuales, atacaban a los seres humanos; así como a los animales. También algunas personas creían que podían convertirse en aquellos seres y también confesaban haber cometido aquellos crímenes mientras estaban transformados, por lo que continuó la creencia en aquellas criaturas y seres fantásticos.
Cuando ocurren fenómenos al filo de la realidad, se busca la mejor forma de aceptarlos dentro del marco de la vida diaria. Las reacciones ante lo desconocido varían de un periodo de la historia a otro, de una cultura a otra, de una persona a otra y aun entre amigos cercanos, aquella pregunta… ¿crees en fantasmas? Tiene respuestas que van de una total aceptación hasta un escepticismo burlón, pero la reacción más simple es la aceptación a este hecho.
Por ejemplo: En el pueblo azande de África el antropólogo inglés Edward Evan Evans-Pritchard dice de este pueblo “No tienen el concepto de lo ‘natural’ como nosotros lo entendemos y por lo tanto tampoco entienden el concepto de lo ‘sobrenatural’, como el nuestro. La brujería es para ellos un suceso ordinario y no extraordinario como lo es para nosotros.
Sin embargo, en ciertas culturas sobresalen los individuos que creen saber más que sus semejantes, pues proclaman que el trueno y el rayo son señales de disgusto divino e interpretan sueños y visiones como atisbos de un orden oculto que sólo ellos, como sacerdotes o magos, pueden interpretar.
Éste es el camino de la creencia y es el camino que ha dominado la reacción ante lo desconocido durante gran parte de la historia.

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