domingo, 26 de julio de 2009

LA MUJER DEL VELO NEGRO


Uno de los donjuanes más grandes de la historia según mi abuela, fue en su día un señor llamado Luis.
Él era un conquistador, embaucador, mentiroso y aprovechado, el cual, le sacaba el dinero a su víctima y aun así, día a día se ganaba la confianza y el amor de la mujer que se propusiera conquistar, pues él era un hombre muy guapo y de inteligencia suprema. Además tenía ese don enamoradizo que levantaba pasiones por donde fuera. Cualquiera que se encontraba en su camino caía rendida en sus brazos...
Luis enamoraba con poemas, con miradas insinuantes y detalles exquisitos que sólo él sabía y con eso calaba hasta lo más hondo y dejaba mella en sus fervientes enamoradas...
Pues bien, les contaré sobre una doncella llamada Ana, que como otras tantas damas se enamoró locamente de él. De tal forma que cuando Luis perdió el interés en ella, Ana se suicidó por amor. Por ese amor verdadero que creía haber vivido junto a él, pero no sin antes jurar que se lo llevaría con ella para estar juntos en la eternidad.
Dicen que el día de muertos, Luis llevaba unas copas de más debido a que había tomado en un lugar de dudosa reputación. Cuando de pronto… vio en las sombras a una mujer de cuerpo divino y de belleza sobrehumana, solo que en el rostro llevaba un velo negro en señal de luto.
Luis quería acercarse a ella, pero ella se iba alejando más y más de él, hasta desaparecer...
Todas las noches sucedía lo mismo y él pensaba que iba a morir de amor por aquella exquisita dama. Entonces pasó una semana y llegó la fecha en que iba a cumplir un año de difunta su amante suicida.
Aquella noche al pasar por el panteón, de nuevo vio a la misma mujer. La silueta de aquella bella mujer estaba dentro del panteón pidiendo a gritos ayuda.
Él como caballero que era, apresuró el paso en busca de la dama en problemas y Ana, al verlo le dijo:
-¡Gracias al cielo, alguien me ha escuchado!-.
El caballero le dijo:
-¿Por qué está en el panteón?-.
Ella respondió:
-Venía a ver a mi hermana que hoy cumple un año de muerta. Un mal hombre la enamoró y ella se mató por él cuando éste la dejó... ¿Qué crees que se merece?-.
Por quedar bien con la hermosa dama, Luis contestó:
-Merece ser enterrado vivo con la mujer a la que hizo sufrir y para que ella lo pueda amar eternamente-.
Entonces ella respondió:
-¡Pues esto ha de pasar!-.
Lo agarró de la cintura y él sumamente emocionado le quitó el velo y al ver su rostro gritó con horror. La amante estaba allí carcomida por los gusanos que se veían en su boca y ojos.
Entonces de repente lo hundió junto con ella, sumergiéndole debajo de la tierra y cumpliendo así su deseo…
Mi abuela dice que le han dicho, que por esos días se escuchan los gritos desgarradores de un hombre, mientras una mujer canta una canción nupcial.

(Anónimo)

domingo, 12 de julio de 2009

EL DIABLO Y LA ANCIANITA




Hace mucho tiempo, cuando mi abuelita aún vivía y yo era apenas una niña, ella me contó esta historia…

Había una vez, una viejita que vivía solita en un cuarto muy humilde en una vecindad. Aquella viejita no tenía ningún familiar o amigo que viera por ella y sola, platicaba con una imagen que tenía en una mesita.
Aquella fotografía era nada más y nada menos que del diablo y todos los días la viejita le prendía su veladora y le rezaba, pues ella pensaba que el mundo era muy injusto con aquel ángel caído.
Un día la viejita enfermó gravemente y no pudo encenderle su veladora al diablo, ella apenada veía la fotografía desde su cama y le decía.

-¡Ay diablito! ¿Si yo muero quién te va a prender tu veladora y te va a rezar?-.

Hasta que un día, la ancianita murió y los vecinos al darse cuenta de su muerte, se preguntaron unos a otros que quién pagaría el entierro de la ancianita.
De pronto… entró a la vecindad un hombre elegantemente vestido. Llevaba un traje negro de seda, una camisa blanca, un corbatín en el cuello y un sombrero de copa en la cabeza, el cual, brillaba con las luces de la vecindad.
Aquel personaje llevaba en la mano derecha un bastón con empuñadura dorada, en el cual, se apoyaba al caminar.
Acercándose a los vecinos miró hacia adentro del cuartucho y vio tendida en la cama a la viejita, ésta estaba apenas iluminada por la lámpara que había en la mesita.
Sacando su billetera del bolsillo interior de su saco, aquel hombre tan elegante les dijo a los vecinos.

-¡Tomen este dinero, es para pagar el funeral de la viejita! ¡Quiero que éste sea el mas lujoso de todos!-.

Sorprendidos los vecinos tomaron el dinero y vieron con sorpresa que se trataba de muchísimo dinero. Entonces prepararon todo y le hicieron el funeral más lujoso y costoso a la viejita, mientras… en un rincón del cuarto aquel hombre lloraba desconsoladamente y se cubría la cara con las manos.

-¡Pobre hombre!-decía una de las vecinas, -¡Parece que quería mucho a la ancianita!-.

Todos miraron al hombre y se preguntaron del porque nunca antes lo habían visto visitar a la ancianita, la cual, siempre vivió en extrema pobreza. Entonces una de las vecinas, la cual era muy curiosa, se le acercó al hombre y le preguntó.

-¿Era familiar de la viejita?-.

-No…-dijo el hombre sin levantar el rostro.

-¿Entonces era amigo de ella?-preguntó de nuevo la señora.

-No…-.

-Si no era ni familiar ni amigo de ella, ¿Acaso la conocía?-preguntó muy curiosa.

-No…-respondió el hombre sollozando.

-¿Entonces por qué llora?-.

Levantando la cara, el hombre miró a la mujer y le dijo con una voz extraña.

-Es que… ella era la única que me quería. Pues todos los días me prendía una veladora y me rezaba-.

La mujer frunciendo el ceño dijo.

-¿Le prendía una veladora… y le rezaba? ¿Pues… quién es usted?-.

De pronto… el rostro de aquel hombre cambió y la mujer lo miró con miedo.

-¡Soy… el Diablo y ella era la única que me quería!-.

La mujer gritó horrorizada y de repente… EL DIABLO se esfumó ante los ojos asustados de todos los vecinos.

LA MUJER VELADA



Cuando mi abuelo Apolonio era joven, él vivía junto con su familia en el pueblo de “Ayo el Chico”, en el estado de Jalisco.
Entonces una noche cuando salió de la cantina e iba rumbo a su casa, se encontró a una hermosa mujer en el camino.
Como él era muy “ojo alegre” (es decir mujeriego) y aquella mujer tenía un cuerpo muy, pero muy bonito, trató de conquistarla con palabras lisonjeras.
Aquella mujer iba vestida toda de negro y llevaba un velo en la cabeza que le cubría la cara.
Entonces mi abuelo ni tardo ni perezoso se le acercó y diciéndole bellos piropos trató de abrazarla, pero la mujer comenzó a alejarse de él.
Mi abuelo trataba y trataba de alcanzarla una y otra vez, pero cada vez que iba a tocarla, aquella mujer se volvía a alejar de él o desaparecía, para aparecer de nuevo más allá.
Parecía que volaba, pero él en su borrachera no se daba cuenta de aquel detalle, hasta que al fin logró alcanzarla casi a las afueras del pueblo y tomándola entre sus brazos le levantó el velo para besarla… pero horrorizado gritó.

-¡Santa Madre de Dios!-.

El rostro de aquella mujer era el de una mula; así que realmente horrorizado la soltó en el acto y la borrachera que tenía se esfumó como el humo.
Mi abuelo dando media vuelta, echó a correr despavorido tratando de huir de aquella aparición, pero ahora era él el que trataba de que aquella mujer no lo alcanzara.
Mientras ella lo iba persiguiendo de cerca, soltaba escalofriantes lamentos que mi abuelo sentía que ahora sí iba a morirse.
Entonces de pronto vio su casa y desesperado tocó la puerta, esperando que alguien la abriera y así librarse de aquella mujer que estaba muy cerca de él.
En eso mi bisabuela abrió la puerta y él cayó desmayado a sus pies, pero en ese preciso instante… la mujer soltó tremendo lamento que mi bisabuela se persignó y exclamó horrorizada.

-¡Virgen Santísima!-.

Y en el acto aquella aparición desapareció en medio de la noche.

sábado, 11 de julio de 2009

EL PERRO NEGRO


Hace mucho, pero mucho tiempo atrás cuando mi bisabuelo llamado Ernesto era joven le sucedió algo espeluznante…

Él vivía junto con su familia en “Ayo el Chico” en el estado de Jalisco y cierto día mi tatarabuela llamada Ricarda enfermó gravemente; así que él tuvo que ir por el doctor, el cual, vivía lejos de ahí.

Entonces cuando él iba montado en su caballo rumbo a la casa del doctor, se aproximó a un sendero que se dividía en dos caminos.

Él ya los conocía muy bien, porque uno conducía a la casa de su novia y el otro después de atravesar un río, conducía hacia la casa del médico.

Mi bisabuelo no creyendo que su mamá estuviera realmente tan enferma como decía, decidió ir a visitar a su novia y después ir a buscar al doctor, pero en ese momento cuando tomó el camino que llevaba a la casa de su novia…

De pronto se le apareció un perro negro, que le gruñó ferozmente y le peló los dientes en señal de advertencia. Mi bisabuelo necio y esquivando al perro trató de pasarlo, pero de repente el perro empezó a crecer y a volverse cada vez más horrible.

Cada vez que él quería pasarlo, el perro crecía y crecía más y más, entonces mi bisabuelo retrocedió asustado sintiendo “los pelos de punta” y después de santiguarse exclamó.

-¡Ave María Purísima!-.

Jalando de las riendas a su caballo se dio a la huida y cuando iba a cruzar el río para ir al otro camino, volteó muy asustado temiendo que aquel perro lo siguiera de cerca, pero se llevó una gran sorpresa, porque aquel perro negro había desaparecido del camino.

Él todavía muy asustado, azuzó a su caballo para que éste fuera más rápido y se alejó a todo galope de aquel camino.

domingo, 5 de julio de 2009

ATRACCIÓN POR LO SOBRENATURAL

Lo sobrenatural está y ha estado siempre a nuestro lado, no ha habido ninguna época sin misterio. Junto a lo conocido, ha habido seres extraños, siniestras criaturas en los bosques, monstruos fantásticos en el mar, objetos misteriosos que surcan el cielo. Más allá de lo que claramente percibimos y escuchamos, acechan cosas semi-visibles, sombras desvaneciéndose en las esquinas, pasos que se oyen en cuartos vacios, palabras pronunciadas que se escuchan cuando no hay nadie cerca.
Quienes no han vivido incidentes similares, han oído a otros referirse que ellos han hablado con muertos, que han sido poseídos por espíritus malignos o llevados en máquinas voladoras de galaxias extrañas. En el curso de nuestra vida diaria, olvidamos que a veces en cualquier sitio de nuestro sendero por la vida, yace lo insólito y lo inexplicable.
En la época de las grandes cacerías de brujas, se pensaba que éstas podían transformarse en lobos u otros seres extraños, los cuales, atacaban a los seres humanos; así como a los animales. También algunas personas creían que podían convertirse en aquellos seres y también confesaban haber cometido aquellos crímenes mientras estaban transformados, por lo que continuó la creencia en aquellas criaturas y seres fantásticos.
Cuando ocurren fenómenos al filo de la realidad, se busca la mejor forma de aceptarlos dentro del marco de la vida diaria. Las reacciones ante lo desconocido varían de un periodo de la historia a otro, de una cultura a otra, de una persona a otra y aun entre amigos cercanos, aquella pregunta… ¿crees en fantasmas? Tiene respuestas que van de una total aceptación hasta un escepticismo burlón, pero la reacción más simple es la aceptación a este hecho.
Por ejemplo: En el pueblo azande de África el antropólogo inglés Edward Evan Evans-Pritchard dice de este pueblo “No tienen el concepto de lo ‘natural’ como nosotros lo entendemos y por lo tanto tampoco entienden el concepto de lo ‘sobrenatural’, como el nuestro. La brujería es para ellos un suceso ordinario y no extraordinario como lo es para nosotros.
Sin embargo, en ciertas culturas sobresalen los individuos que creen saber más que sus semejantes, pues proclaman que el trueno y el rayo son señales de disgusto divino e interpretan sueños y visiones como atisbos de un orden oculto que sólo ellos, como sacerdotes o magos, pueden interpretar.
Éste es el camino de la creencia y es el camino que ha dominado la reacción ante lo desconocido durante gran parte de la historia.

sábado, 4 de julio de 2009

MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

La creencia que la vida continua de alguna forma después de la muerte, es tan vieja como la historia misma. Los neandertales (pueblo que vivió en Europa y Asia entre 120,000 y 35,000 años atrás), no abandonaban a sus muertos donde morían, sino más bien los enterraban con mucho cuidado como nosotros lo hacemos ahora con nuestros seres queridos. En algunos refugios rocosos en el valle Vézère, al suroeste de Francia, muestran que los pueblos prehistóricos tenían nociones acerca de la inmortalidad y enterraban a sus muertos rodeados de utensilios de piedra, preparándolos así para la otra vida. Como por ejemplo en Le Moustier, se enterró de costado a un joven con objetos de pedernal a manera de almohada, un hacha en la mano y unos huesos de buey chamuscados diseminados en la tumba, quizá para dar el sustento necesario para la siguiente vida.