domingo, 12 de julio de 2009

EL DIABLO Y LA ANCIANITA




Hace mucho tiempo, cuando mi abuelita aún vivía y yo era apenas una niña, ella me contó esta historia…

Había una vez, una viejita que vivía solita en un cuarto muy humilde en una vecindad. Aquella viejita no tenía ningún familiar o amigo que viera por ella y sola, platicaba con una imagen que tenía en una mesita.
Aquella fotografía era nada más y nada menos que del diablo y todos los días la viejita le prendía su veladora y le rezaba, pues ella pensaba que el mundo era muy injusto con aquel ángel caído.
Un día la viejita enfermó gravemente y no pudo encenderle su veladora al diablo, ella apenada veía la fotografía desde su cama y le decía.

-¡Ay diablito! ¿Si yo muero quién te va a prender tu veladora y te va a rezar?-.

Hasta que un día, la ancianita murió y los vecinos al darse cuenta de su muerte, se preguntaron unos a otros que quién pagaría el entierro de la ancianita.
De pronto… entró a la vecindad un hombre elegantemente vestido. Llevaba un traje negro de seda, una camisa blanca, un corbatín en el cuello y un sombrero de copa en la cabeza, el cual, brillaba con las luces de la vecindad.
Aquel personaje llevaba en la mano derecha un bastón con empuñadura dorada, en el cual, se apoyaba al caminar.
Acercándose a los vecinos miró hacia adentro del cuartucho y vio tendida en la cama a la viejita, ésta estaba apenas iluminada por la lámpara que había en la mesita.
Sacando su billetera del bolsillo interior de su saco, aquel hombre tan elegante les dijo a los vecinos.

-¡Tomen este dinero, es para pagar el funeral de la viejita! ¡Quiero que éste sea el mas lujoso de todos!-.

Sorprendidos los vecinos tomaron el dinero y vieron con sorpresa que se trataba de muchísimo dinero. Entonces prepararon todo y le hicieron el funeral más lujoso y costoso a la viejita, mientras… en un rincón del cuarto aquel hombre lloraba desconsoladamente y se cubría la cara con las manos.

-¡Pobre hombre!-decía una de las vecinas, -¡Parece que quería mucho a la ancianita!-.

Todos miraron al hombre y se preguntaron del porque nunca antes lo habían visto visitar a la ancianita, la cual, siempre vivió en extrema pobreza. Entonces una de las vecinas, la cual era muy curiosa, se le acercó al hombre y le preguntó.

-¿Era familiar de la viejita?-.

-No…-dijo el hombre sin levantar el rostro.

-¿Entonces era amigo de ella?-preguntó de nuevo la señora.

-No…-.

-Si no era ni familiar ni amigo de ella, ¿Acaso la conocía?-preguntó muy curiosa.

-No…-respondió el hombre sollozando.

-¿Entonces por qué llora?-.

Levantando la cara, el hombre miró a la mujer y le dijo con una voz extraña.

-Es que… ella era la única que me quería. Pues todos los días me prendía una veladora y me rezaba-.

La mujer frunciendo el ceño dijo.

-¿Le prendía una veladora… y le rezaba? ¿Pues… quién es usted?-.

De pronto… el rostro de aquel hombre cambió y la mujer lo miró con miedo.

-¡Soy… el Diablo y ella era la única que me quería!-.

La mujer gritó horrorizada y de repente… EL DIABLO se esfumó ante los ojos asustados de todos los vecinos.

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